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La importancia del buen maridaje: un vino para cada tipo de comida

Más allá de ser una cuestión de etiqueta, protocolo o de buen gusto, saber combinar la bebida con los bocados que la acompañan es importante porque consigue que todos los sabores se complementen y ningún alimento pierda protagonismo.

Además, mantener un equilibro perfecto entre los vinos y los alimentos presentados en las cenas y reuniones familiares es la clave para conseguir que los comensales se deleiten con el menú. El vino, no solamente acompañará a la comida, sino que una buena elección puede realzar los sabores de los platos y mejorarlos exponencialmente.

Desde Vinotinto, restaurante con encanto en Valencia,  te damos algunas claves para que aciertes y te conviertas en un magnífico anfitrión durante las fiestas navideñas, pero también en cualquier reunión familiar o con amigos.

Los aperitivos y entrantes se acompañan mejor con un vino espumante o  con cava, ya que su grado de alcohol no es muy alto (11%) y combinan perfectamente con una amplia variedad de alimentos que normalmente se ofrecen como vermú. Canapés, frutos secos, aceitunas, jamón serrano al corte, tacos de queso o salmón ahumado. Si los aperitivos son salados, podemos maridarlo también con vinos dulces. Y si se decide por ofrecer una ensalada, es preferible que se decida por un vino blanco.

En cuanto a las carnes y pescados, para lograr un buen maridaje es cierto que las carnes rojas combinan muy bien con el vino tinto, mientras que las carnes blancas, el pescado y el marisco son una explosión de sabor para el paladar si se acompañan con vinos blancos.

Para la carne, se debe diferenciar entre las carnes rojas y las blancas y delicadas. Los platos a base de carnes rojas a la parrilla y preparadas en salsa se recomienda acompañarlos con una copa de un vino tinto ligero o de un vino tinto con cuerpo. También junto con las pastas con salsa de tomate o los platos con guarniciones de sabores fuertes es mejor servir un vino tinto.

En cambio, para las carnes blancas recomiendan los vinos blancos maduros o vinos tintos delicados. Se consideran carnes blancas el conejo, el pollo y el cerdo. La carne blanca tiene un sabor ligero, suave por lo que no se recomienda un vino tinto para acompañarla porque opacaría completamente el sabor de la carne con el de los taninos; por ello se suele optar por el blanco.

El pescado o las comidas acompañadas de salsas claras también sentarán mejor al paladar si se acompañan de vino blanco. Concretamente, en cuanto al pescado y al marisco se deben elegir vinos blancos criados en barrica para los pescados grasos, vinos blancos jóvenes para los pescados blancos; o un vino tinto joven para los pescados azules.

A la hora de servir el postre se debe tener en cuenta si éste de salado o dulce. Los turrones y mazapanes combinan perfectamente con vinos blancos tipo Moscatel. No obstante también apostar por un vino rosado o blanco semidulce siempre será un éxito asegurado.

Estas son algunas recomendaciones en función de los sabores y los aromas que pueden ser de utilidad a la hora de decidir qué vino sacar a la mesa en función a los platos escogidos. No obstante, la combinación ideal al final es siempre en función de los gustos y de las preferencias de cada uno.

¡Si te apetece comer en Valencia, descubre nuestra bodega y disfruta de deliciosos vinos en un espacio único!

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10 motivos saludables por los que beber vino

“A nadie le hace daño el vino, si se bebe con tino”, asegura el refranero español. Asimismo, hay abundantes estudios científicos que respaldan los beneficios de esta bebida hecha a base de zumo de uva. Aquí te dejamos diez de los principales motivos saludables para tomarse una buena copa de vino:

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1. Fortalece los huesos. Un estudio de la Universidad de Tufts en Boston (EE.UU.) con más de 2.400 participantes, demostró que las mujeres que beben vino tienen menos posibilidades de perder masa ósea que las mujeres que no beben, debido al efecto positivo sobre la densidad mineral ósea, tanto en el caso del vino como de la cerveza.

2. Disminuye el colesterol. Diversos estudios han demostrado que una copa de vino tinto al día (que no el blanco cuya eficacia es menor), disminuye la concentración de placas aterogénicas en las arterias y aumenta los niveles de HDL o colesterol bueno, lo que mejora la salud cardiovascular.

3. Reduce el riesgo cardiaco. Un estudio de la Universidad de Harvard (EEUU.) determinó que quienes consumen vino en dosis moderadas tienen un 30% menos de probabilidades de sufrir disfunciones cardíacas.

4. Antibacteriano. Tanto el vino tinto como el vino blanco tienen propiedades antibacterianas, según demostró un estudio de la West Virginia University (EE.UU.), que reveló que esta bebida tiene la capacidad de reducir las bacterias de los alimentos, protegiendo así al cuerpo humano.

Relacionado con esto, contribuye a mantener los dientes sanos. Así, una reciente investigación de la Universidad de Pavia(Italia) comprobó que la costumbre ancestral de tratar las infecciones de las encías con vino y evitar, de este modo, la caída de los dientes tiene un fundamento científico. Al ser antibacteriano, frena el crecimiento de los estreptococos de la boca, bacterias vinculadas a las caries, a la gingivitis y al dolor de garganta.

5. Rico en minerales. El vino aporta minerales como: litio (equilibrando el sistema nervioso), magnesio (reduce el estrés), zinc (mejora las defensas inmunitarias), potasio y calcio (equilibrio iónico y eléctrico).

6. Antigrasa. El consumo de vino activa al gen SIRT1, que impide la formación de nuevas células de grasa y ayuda a movilizar las ya existentes, tal y como demostraban científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) en un estudio publicado en Nature. Otro trabajo dado a conocer en la revista Archives of Internal Medicine concluía que, aunque el alcohol contiene 7 calorías por gramo, sus efectos sobre el metabolismo hacen que beber vino moderadamente reduzca la obesidad y el sobrepeso al envejecer. La dosis diaria óptima, según la investigación, serían 40 gramos de alcohol al día.

7. Protege contra quemaduras solares. Los derivados del vino y de la uva pueden ayudar a reducir los efectos dañinos de los rayos ultravioleta según un artículo de la Universidad de Barcelona  que explica que los flavonoides del vino y las uvas inhiben la formación de especies reactivas de oxígeno (ROS) que dañan las células de la piel.

8. Disminuye las posibilidades de cáncer de colon. Científicos de la Universidad de Leicester (Reino Unido), explicaron en la 2ª Conferencia Científica Internacional sobre el resveratrol y la salud que, el consumo moderado de vino tinto de forma regular puede reducir la tasa de tumores intestinales en aproximadamente un 50%.

9. Retrasa el envejecimiento. Consumir una copa de vino al día nos ayuda a retrasar el proceso del envejecimiento debido a sus propiedades vasodilatadoras que combaten algunas enfermedades originadas por la oxidación de las células.

10. También es recomendado para la memoria y favorece la agilidad mental. Parece que para el cerebro es mucho mejor beber una copa de vino que abstenerse de hacerlo. Así lo prueban alrededor de 70 investigaciones científicas recientes que muestran cómo el consumo leve o moderado de vino mejora la función cognitiva y la agilidad mental. Además, ingerirlo en pequeñas dosis previene la demencia, tal y como demostraba un estudio de la Academia Sueca Sahlgrenska basado en un seguimiento a 1.500 mujeres durante 34 años. Esto se debe a que los antioxidantes del vino reducen la inflamación, impiden que las arterias se endurezcan (aterosclerosis) e inhiben la coagulación, mejorando así el riego sanguíneo de nuestro órgano pensante, tal y como concluía un análisis publicado en el Acta Neurologica Scandinavica.

¿Se necesitan más motivos para disfrutar del buen vino? Haz caso al refrán popular y pregunta por la Carta de vinos de Vinotinto, tu restaurante en el centro histórico de Valencia.

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